La identificación de un individuo por sus huellas dactilares es la más antigua de las técnicas biométricas. Un hecho lógico si pensamos que la gran mayoría de la población tiene huellas dactilares únicas e inalterables. Pero, ¿qué son las huellas dactilares?, ¿cómo se forman?, ¿son realmente únicas y nos diferencian de otros? Y, finalmente, ¿se puede suplantar nuestra identidad con una huella dactilar falsa? A estas y otras preguntas daremos respuestas en el blog de Umanick con una serie de artículos, donde analizaremos a fondo la huella dactilar.

 

La alta tasa de precisión de la identificación de personas por las huellas dactilares, y el hecho de que los usuarios tienen conocimientos suficientes sobre cómo utilizarla, hace que sea el método más extendido, con un gran número de aplicaciones en la vida cotidiana.

 

Huellas dactilares. Imagen de Alan Levine con licencia de Creative Commons.

 

Como punto de partida, se puede decir que se basa en el análisis de la impresión que produce la parte rugosa del dedo de una persona sobre una superficie lisa. Dicha rugosidad del dedo presenta una serie de crestas -llamadas crestas papilares- que conforman un dibujo muy característico. Este se define durante el desarrollo fetal de la persona y es único para cada individuo. No hay dos iguales, ni siquiera en los gemelos idénticos.
 
Las crestas papilares son glándulas de secreción de sudor situadas en la dermis (glándulas sudoríparas). Cuando el sudor sale al exterior, se derrama por las crestas y se mezcla con la grasa natural de la piel, provocando que cuando se manipule un objeto apto para la retención de huellas, éstas se queden impresas en el mismo.

 

Cómo y por qué se forman las huellas
Las huellas dactilares no están ahí solamente para que los televisivos Grissom y Horatio de CSI puedan identificar a los delincuentes. La principal función de las crestas y surcos de la yema de nuestros dedos es detectar texturas finas y objetos diminutos al tacto.
 
Las huellas dactilares se desarrollan entre el segundo y el sexto mes del embarazo, apareciendo sobre la superficie interna de la dermis a manera de ondulaciones que se desarrollarán posteriormente como líneas que contendrán los conductos de las glándulas sudoríparas. A las 18 semanas, el feto ya tiene totalmente constituidas las huellas.
 
La capa media de la piel de las yemas de los dedos comienza a crecer con mayor rapidez que las capas interna y externa, y esto hace que se originen las crestas papilares. El diseño exacto de las crestas papilares está determinado por la composición del líquido amniótico y por la forma en que el feto toca lo que está a su alrededor mientras se mueve.
 
Durante mucho tiempo se pensó que las huellas dactilares facilitaban el proceso de agarrar objetos, pero un estudio llevado a cabo en 2009, en la Universidad de Manchester, descubrió que hacen que sea más difícil sujetar superficies planas. Puede ser que sean útiles a la hora de sostener objetos ásperos, pero si esta fuera su función principal, tendríamos huellas dactilares en toda la mano. Lo que está claro es que mejoran nuestra sensibilidad táctil mediante la amplificación de pequeñas vibraciones cada vez que nuestros dedos rozan una superficie.

 

Toma de huellas dactilares. Imagen de West Midlands Police con licencia de Creative Commons.

 

Propiedades de la huella dactilar
Está demostrado científicamente que los dibujos papilares, es decir, los dibujos que forman la impresión de la huella dactilar, son permanentes, inmutables y diversiformes. Son permanentes porque, desde su formación, permanecen invariables en número, situación, forma y dirección.
 
Son inmutables debido a que las crestas papilares no pueden modificarse fisiológicamente. De hecho, si hay un traumatismo poco profundo, se regeneran y, si llega a ser profundo, las crestas no reaparecen con forma distinta a la que tenían, sino que la parte afectada por el traumatismo resulta invadida por un dibujo cicatrizado.
 
Son diversiformes, pues aún no se ha dado el caso de encontrar dos impresiones idénticas producidas por dedos diferentes. Estas tres propiedades hacen de la huella dactilar un método de identificación muy seguro y, en consecuencia, como uno de los más reconocidos entre todas las técnicas biométricas existentes.
 
La huella dactilar se usa en muchas aplicaciones en las que se quiere realizar la identificación de personas de forma segura y cómoda para el usuario. Su objetivo es evitar los riesgos de suplantación de identidad derivada del robo, copia o pérdida de tarjetas y códigos numéricos, de una forma muy práctica para el usuario, evitándole el tener que recordar códigos ni contraseñas.